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Rolls-Royce tardó nueve meses en crear este Phantom Hummingbird único

Detalle del interior del Rolls-Royce Phantom Hummingbird con marquetería de colibríes
4 min de lectura
  • Rolls-Royce necesitó nueve meses y seis iteraciones para terminar el Phantom Hummingbird.
  • La marquetería incluye 190 piezas de abulón y nácar, con dos colibríes de 53 piezas cada uno.
  • El acabado final del interior demandó 45 horas de trabajo artesanal.
  • La pieza fue un encargo de Private Office Dubai como regalo para la esposa de un cliente.
  • El precio del vehículo no fue revelado por la marca.

Cada Rolls-Royce Phantom que sale de la planta de Goodwood, en Inglaterra, puede convertirse en un proyecto de meses cuando el cliente pide una pieza verdaderamente única. El Phantom Hummingbird, encargado a través de Private Office Dubai como regalo para la esposa de un cliente, es el último ejemplo: nueve meses de trabajo y seis rondas de ajustes antes de dar por terminado el interior.

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190 piezas de abulón para dos colibríes

El elemento central del proyecto es una marquetería en abulón y nácar que representa dos colibríes rodeados de un motivo vegetal. En total, los artesanos de Rolls-Royce Bespoke Collective trabajaron con 190 piezas de abulón: cada ave se compone de 53 piezas, de las cuales 18 corresponden solo a las alas, mientras que el motivo vegetal que las enmarca suma otros 84 fragmentos individuales.

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La precisión del proceso se mide en fracciones de milímetro: el corte láser de cada pieza se realiza con una tolerancia de apenas 0,06 mm por encima del tamaño final, un margen que permite el ajuste manual posterior sin que el material —naturalmente irregular y de origen marino— se fracture.

Seis iteraciones antes del resultado final

El proceso de seis iteraciones refleja cómo trabaja la división de encargos especiales de Rolls-Royce: cada versión del diseño se somete a revisión antes de avanzar a la siguiente etapa, ajustando el brillo, el veteado y la disposición de las piezas de abulón para lograr un efecto de profundidad y color que cambia según el ángulo de luz, una característica natural de este material que ningún proceso industrial puede replicar de forma idéntica dos veces.

El acabado final —barnizado, pulido y montaje sobre el panel de la puerta— demandó 45 horas adicionales de trabajo manual, sin contar el tiempo de diseño y prueba de las iteraciones previas.

Un interior pensado como joya, no solo como tapicería

Fuera de la marquetería, el Phantom Hummingbird combina cuero en tonos Creme Light, Moccasin y Tan, con chapas de madera Ash Burr y Silver Birch. La carrocería luce una pintura bitono en Wildberry y White Sands, y la Coachline —la línea pintada a mano que recorre el lateral del vehículo, sello distintivo de los Rolls-Royce bespoke— incluye un colibrí adicional pintado a mano, en sintonía con el motivo del interior.

El negocio de lo irrepetible

Rolls-Royce no reveló el precio del Phantom Hummingbird, una práctica habitual en los encargos de su división de bespoke más elevado, donde el valor final depende del número de horas de artesanía y de la rareza de los materiales empleados, no de una lista de precios fija. La marca, propiedad del grupo BMW Group, ha convertido este tipo de comisiones en una de sus principales fuentes de diferenciación frente a otras marcas de lujo, apostando por piezas que funcionan casi como orfebrería sobre ruedas antes que como automóviles de producción.

El uso de materiales de origen natural como el abulón —un molusco cuya concha interior produce el efecto iridiscente característico del nácar, según describe la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA)— también obliga a los talleres a trabajar con un control de calidad más cercano a la joyería que a la manufactura automotriz convencional, según ha documentado en distintas ocasiones la propia casa británica en sus comunicados de prensa. Cada concha es distinta a la anterior, así que ningún artesano puede garantizar de antemano el resultado exacto del veteado hasta que la pieza está cortada y pulida.

Rolls-Royce ha mostrado en los últimos meses una serie de proyectos igualmente elaborados sobre su gama: Mundo Tuerca reportó recientemente la transformación de un Cullinan de primera generación a la Series II, y semanas antes cubrió una exhibición en Londres que reunió a los modelos a medida más exclusivos de la marca, entre ellos el Boat Tail y el Droptail. El Phantom Hummingbird se suma a esa lista de piezas que Rolls-Royce trata, cada vez más abiertamente, como obras de arte funcionales antes que como automóviles convencionales.

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