Desde el inicio de la temporada actual, se ha manifestado una creciente inquietud en torno a los componentes esenciales del sistema híbrido de la categoría. La unidad del generador eléctrico (MGU), suministrada por la empresa Empel, y el sistema de almacenamiento de energía (ESS) mediante supercondensadores, fabricado por la firma Skeleton, han sido el centro de múltiples complicaciones técnicas. Estos elementos, fundamentales para el rendimiento y la eficiencia de los monoplazas, han presentado fallos recurrentes que han derivado en una situación crítica: el inventario disponible de piezas de repuesto es insuficiente para cubrir las necesidades que restan del campeonato. Ante este escenario, la dirección de la IndyCar ha tomado una decisión estratégica: reducir la exigencia operativa del sistema híbrido, con el propósito de extender su vida útil y garantizar una mayor fiabilidad en cada una de las competiciones venideras.
El origen de las dificultades y su evolución en el calendario
Las primeras señales de alerta surgieron en el Gran Premio de Long Beach, donde varios componentes vinculados al sistema híbrido sufrieron averías tanto durante las sesiones de prácticas como en la carrera principal. Esta problemática no quedó aislada, ya que se repitió con mayor intensidad en el prestigioso Gran Premio de Indianápolis. Para cuando se celebró la prueba en Detroit, la escasez de repuestos se volvió una realidad preocupante. Equipos de la talla de Chip Ganassi Racing tuvieron que buscar soluciones urgentes para el monoplaza de Scott Dixon, mientras que Álex Palou enfrentó un desgaste excesivo en su unidad MGU. Al no haber piezas nuevas disponibles, fue necesario negociar con otra escudería para adquirir un repuesto sin utilizar, una medida excepcional que evidenció la gravedad del asunto.
En este punto, los responsables de la IndyCar comprendieron que la relación entre oferta y demanda había alcanzado un punto límite. El volumen de piezas existente no se ajustaba a las exigencias del calendario en curso, y mucho menos podría satisfacer las necesidades de la próxima pretemporada y del año siguiente. De mantenerse el ritmo de uso y desgaste habitual, era casi seguro que no se podría completar el campeonato sin que alguna carrera se viera afectada por la ausencia de participantes por falta de componentes, un hecho totalmente inaceptable para una categoría con el prestigio y la trayectoria de la IndyCar.
La medida adoptada: ajustes en la potencia del sistema híbrido
Como respuesta definitiva a esta crisis de abastecimiento, se ha determinado que a partir de la prueba en Road América se aplicará una reducción en la entrega de potencia del sistema híbrido. Este ajuste variará entre un 10% y un 25%, según las características específicas de cada circuito. En los óvalos, la potencia adicional que aporta el sistema se limitará a unos 50 caballos de fuerza. Por el contrario, en circuitos permanentes y en trazados urbanos, la calibración permitirá un máximo de 100 caballos extra. Este nivel se considera adecuado para complementar el rendimiento de los motores V6 twin turbo de 2.2 litros que constituyen la base mecánica actual de los vehículos.
Con esta modificación, la IndyCar busca prioritariamente mejorar la fiabilidad general del sistema y frenar el daño prematuro de los componentes que presentan problemas de suministro. Es importante destacar que, desde que se incorporó la tecnología híbrida a la competición, esta es la primera vez que la organización reconoce públicamente un déficit de capacidad por parte de sus proveedores, lo que convierte esta medida en una acción sin precedentes orientada a preservar el desarrollo normal de la temporada.
Fuente: Diario Motor
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