Cuando pensamos en marcas de coches, lo habitual es asociarlas exclusivamente con el diseño de propulsores, el desarrollo de estructuras o la comercialización de automóviles. Sin embargo, la realidad empresarial es mucho más amplia de lo que parece. Muchas compañías nacieron fabricando artículos totalmente ajenos al sector del motor. Otras, directamente, han decidido diversificar sus actividades hacia áreas como la alimentación, la moda o los bienes de consumo. Se trata de una estrategia basada en la premisa de no concentrar todos los recursos en un solo ámbito, algo fundamental en un entorno económico incierto.
La diversificación de las marcas de coches es una práctica que ha cobrado fuerza con el paso del tiempo. En muchos casos, estas actividades generan ingresos estables. También sirven para reforzar la identidad corporativa o como alternativa ante cambios bruscos en el mercado. Cada vez más firmas entienden que depender únicamente de la venta de vehículos supone un riesgo excesivo. Por eso, explorar nuevos caminos se ha convertido en una necesidad estratégica y no solo en una acción de marketing.
Orígenes industriales que perduran en el tiempo
Algunas marcas de coches nunca abandonaron sus actividades iniciales antes de entrar en el sector automovilístico. Un ejemplo destacado es Volkswagen. Además de fabricar vehículos, la compañía alemana produce salchichas currywurst desde hace varias décadas. En el país germano, este producto tiene incluso un código de referencia propio y forma parte de la rutina diaria en sus instalaciones industriales.
Peugeot es otro caso representativo. Mucho antes de construir los primeros automóviles, la empresa francesa se dedicaba a la fabricación de herramientas y molinillos domésticos. Hoy en día sigue comercializando estos utensilios, especialmente en el segmento de productos gourmet. De este modo, mantiene una línea de negocio que conecta directamente con su historia y su patrimonio industrial.
El grupo Fiat ofrece una visión aún más completa de esta filosofía. A lo largo de su trayectoria ha participado en sectores tan diversos como la aviación, la maquinaria pesada, la fundición o la edición. Actualmente, también dispone de filiales especializadas en robótica y producción de componentes técnicos. Para estas marcas de coches, la actividad original nunca desapareció por completo, sino que se integró en el desarrollo de la empresa.
Productos inesperados que sorprenden al mercado
Más allá de los negocios tradicionales, muchas marcas de coches han explorado terrenos mucho más originales y llamativos. En ocasiones, sus propuestas sorprenden incluso a los conocedores del sector automovilístico.
Cupra, por ejemplo, desarrolló una bebida refrescante junto a la marca Vichy Catalán. Con sabor a lima y jengibre, este producto nace con el objetivo de trasladar la personalidad de la marca a un artículo totalmente distinto al automóvil. La estrategia busca que los consumidores identifiquen la esencia de la compañía en cualquier tipo de bien que ofrezca.
Bentley comercializó en el año 2023 dos variedades de miel: una edición limitada denominada Black Edition Label y otra versión estándar. Por su parte, Porsche ha organizado visitas guiadas por su fábrica de Leipzig centradas en la producción de este alimento. Además, la marca alemana ha incursionado en el diseño de relojes de alta gama.
Incluso Ferrari ha sabido aplicar su conocimiento técnico en terrenos cotidianos. En colaboración con la marca BaByliss creó un secador de pelo que pesa solo 360 gramos y alcanza una velocidad de aire muy elevada. Se trata de un claro ejemplo de cómo la ingeniería aplicada en marcas de coches puede trasladarse a productos domésticos con gran eficacia.
Negocios fructíferos y con futuro estable
Con el paso del tiempo, muchas de estas iniciativas han dejado de ser proyectos experimentales para convertirse en líneas de negocio consolidadas. Algunas marcas de coches obtienen una parte muy importante de sus beneficios a través de actividades que no tienen relación directa con la fabricación de vehículos.
Ferrari, por ejemplo, genera alrededor del 11% de sus ingresos mediante la comercialización de productos de merchandising, tiendas oficiales y parques temáticos. Espacios como Ferrari World en Abu Dhabi o Ferrari Land en España demuestran cómo una marca puede transformarse en una experiencia de entretenimiento accesible para todo tipo de públicos.
Otras compañías han apostado por el diseño y los servicios especializados. BMW cuenta con una filial dedicada a crear productos para terceras empresas. Mientras tanto, firmas como Aston Martin o Lotus han explorado campos como la arquitectura, la consultoría técnica o los servicios digitales.
En el mercado asiático esta estrategia está especialmente desarrollada. Toyota fabrica viviendas prefabricadas, embarcaciones y robots industriales. Honda produce motocicletas, generadores eléctricos y motores para embarcaciones. Por su parte, Mitsubishi opera en sectores tan variados como la energía, la banca o la alimentación. En todos estos casos, las marcas de coches han construido un modelo de negocio amplio, donde el automóvil es solo una parte de un conjunto mucho más complejo y rentable.
La expansión hacia otros sectores no es solo una cuestión de creatividad o estrategia comercial. También responde a cambios profundos en el mercado global. La competencia creciente, la transformación tecnológica y las normativas cada vez más estrictas obligan a las empresas a buscar nuevas fuentes de ingresos. Además, es necesario reducir la dependencia de un solo producto o actividad. Por eso, la industria automovilística ya no se define únicamente por los coches que fabrica. Sino por la capacidad de adaptarse, innovar y explorar nuevos territorios. Hoy, una marca puede vender vehículos, diseñar espacios, producir alimentos o desarrollar tecnología al mismo tiempo.
Fuente: El Periódico
Ver más: Opel Corsa GSE: El renacimiento del espíritu deportivo en formato eléctrico

