Durante más de una década, el dominio chino de las baterías de litio sostuvo una premisa aparentemente incuestionable: los sistemas de almacenamiento energético serían cada vez más baratos. China fabricó a gran escala, controló tecnologías clave y aceptó márgenes mínimos. Para Occidente, este esquema resultó funcional, ya que permitió acelerar la transición energética y reducir costos industriales.
Sin embargo, esta normalidad comienza a resquebrajarse. En los últimos meses, fabricantes chinos han anunciado aumentos de precios tras años de ventas por debajo del coste. Según South China Morning Post, la empresa Deegares aplicó un alza del 15%, marcando un punto de inflexión en un mercado atrapado en una dinámica de competencia extrema.
El litio como detonante del reajuste industrial
El detonante inmediato ha sido el repunte del precio del litio, que ha subido alrededor de un 70% desde su mínimo anual. Este aumento responde a varios factores simultáneos. Por un lado, crece la demanda de centros de datos para inteligencia artificial. Por otro, se observa una recuperación del mercado de vehículos eléctricos en China.
Además, el Estado chino ha intervenido de forma más directa. El Ministerio de Industria ha convocado a los principales actores del sector para frenar la llamada “competencia irracional”. El objetivo es estabilizar una industria estratégica sin perder liderazgo global.
Exportaciones récord y dependencia silenciosa
Pese a la presión interna, el dominio chino de las baterías de litio se mantiene firme en el exterior. Este año, China exportó baterías por más de 69.000 millones de dólares. De acuerdo con el analista Gavin Maguire, citado por Reuters, Alemania y Estados Unidos impulsan esta demanda para sostener redes eléctricas saturadas por renovables y centros de datos.
En consecuencia, cada nuevo centro de datos en Europa o Norteamérica refuerza una dependencia estructural. Google ya ha instalado más de 100 millones de celdas de ion-litio, mientras Microsoft planea sustituir generadores diésel antes de 2030.
Control de la cadena y respuesta occidental
La Agencia Internacional de la Energía advierte que China fabricó el 99% de las celdas LFP en 2024 y procesa cerca del 80% del litio mundial. Asimismo, produce alrededor del 90% de ánodos y electrolitos. Para su director, Fatih Birol, esta dependencia representa un riesgo estratégico comparable al gas ruso en Europa.
Ante este escenario, Estados Unidos y Europa reaccionan. Washington impulsa proyectos mineros, gigafactorías y restricciones a baterías chinas. Europa avanza más lento, aunque financia producción local y busca reducir riesgos geopolíticos.
El coste real de la transición energética
Durante años, el bajo precio ocultó una realidad incómoda. No existía una alternativa real a China. Ahora, el dominio chino de las baterías de litio revela su verdadero coste. Las baterías se han convertido en infraestructura crítica, herramienta geopolítica y factor de seguridad nacional. En un mundo que se electrifica aceleradamente, quien controle su producción ejercerá una influencia decisiva en el siglo XXI.
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